jueves

El flautista de Hamelín en el hospital


Foto tomada de:
www.panoramio.com/photo/28852725

“Mira tu dicha”, dice la mamá de una de las niñas que van a consulta de pediatría cuando ve el carro portalibros que recorre el tercer piso del Hospital Universitario Mayor de Méderi. La pequeña de siete años abre los ojos y su cara brilla tanto como una supernova en el firmamento. No puedo dejar de mirar a esa pequeña estrella que quiere tomar cada libro y leerlo con su mamá, por lo que le regalo “Tengo miedo” de Ivar Da Coll, uno de los títulos de la colección “Libro al viento” que circula libremente por toda Bogotá. La pequeña estrella toma el libro y lo abraza, como si fuera el mayor tesoro de todo el universo, por lo que su mamá me da un agradecimiento sincero y me dice: “A mi hija le fascina leer”.


Sigo mi camino por la rampa que me lleva al lugar donde descansan los libros y se preparan para una nueva jornada con los lectores de “Leer para sanar”, cuando noto a una niña de unos ocho años que me ha seguido. Al verla, la saludo y me dice con una sonrisa pícara: “Tan bonitos los libros…”. Al notar que también quiere participar de la fiesta de la lectura, le entrego otra copia de “Tengo miedo” y recibo un agradecimiento nuevo y profundo.


Camino a mi casa me siento protagonista de mi propio cuento de hadas, con una historia diferente al tradicional “Flautista de Hamelin”, en el que cambian todos los elementos y el final ya no es trágico, sino esperanzador: los niños sí quieren leer.

Por qué escribimos...

ilustración de José Rosero

Texto de Carolina Rodríguez
Blog: Pienso frente a la pantalla

Pareciera que escribimos sin saber muy bien para qué. Recientemente (o tal vez ya se venía haciendo y yo no sabía), me enteré que a los niños de dos años, o incluso más pequeñitos, ya les enseñan las letras en el jardín... hay una urgencia porque aprendan a descifrar, o al menos a identificar esas letricas bailarinas que inundan a los libros, pero rara vez les enseñamos qué hacer con todo eso.

Incluso hoy, frente a esta pantalla, me pregunto qué podría hacer con lo que aprendí desde que era niña... hay miles de razones para escribir y que otros te lean... yo pienso que escribimos porque buscamos encontrar algo (un medio catártico, fama, dinero, reconocimiento, tantas cosas más), pero creo que para mí, abrir este blog es una forma de ejercitar mi voz, de acostumbrarme a expresar mis pensamientos y de ser responsable de lo que digo y publico, de tratar de superar el tema de las "voces autorizadas" y los que callan frente a quienes dicen ser inspirados por las musas.

Yo no soy escritora ni una excelente oradora, solo me limito a escribir textos y a meterlos en una botella que después lanzo al inmenso mar cibernético... puede que nunca nadie lo lea o que lo encuentren quién sabe en donde, que les guste o que no, pero mi gran satisfacción es aprender a hacer algo con esas letricas y esas expresiones que aprendo todos los días, con mis pensamientos un poco desordenados. Saber que lo poco que sé sirve de algo...

Hace días, salió la noticia de un niño de Estados Unidos que envió una botella al mar con un mensaje, como parte de un proyecto de aula, y resulta que tiempo después le respondieron desde Azores (Portugal). Entonces me puse a pensar en la emoción que debió sentir este escritor al hallar correspondencia y al saber que su voz era válida, en medio de toda la basura que carga el océano. Creo que si tuviera al frente al profesor de ese niño, lo cogería a picos porque no solo está cumpliendo con el currículo, sino que le dio una lección de vida a este chicuelo: su voz vale tanto y es tan preciada, que vale la pena arriesgarse y expresarse...

http://www.semana.com/mundo/nino-eeuu-consigue-lean-su-mensaje-botella-4200-kms/168734-3.aspx


Es posible recuperar la voz... es posible apropiarse de ella...


Chris Albrecht, profesor de Curtis Kipple, el niño que recibió inesperada correspondencia desde Portugal.

miércoles

“Cuando uno lee, uno crece como ser”

ilustración de Rebecca Dautremer

Cuando se hace una lectura en voz alta con un paciente en el hospital, nunca podemos imaginar las historias que se están escribiendo en esa actividad tan sutil y delicada. Algo muy interesente empezó a construirse el jueves 11 de agosto cuando le leía la Biblia a la Señora Nohemy Arias, paciente de la habitación 531. La Señora Francy Muñoz una de las colaboradoras del aseo en Méderi entró a realizar su labor y escuchó el texto que estaba leyendo para la paciente. Al finalizar la lectura del Salmo 139 la Señora Nohemy me pidió el favor de escribirle el número del Salmo para volverlo a leer en su casa, a lo cual la Señora Francy se sumó a la solicitud, ya que había escuchado los versos del salmista mientras hacía el aseo de la habitación. Un rato más tarde, en uno de los pasillos del ala norte, la Señora Francy aprovechó un momento para comentarme que a ella también le encanta leer, y que su género favorito eran las novelas, “pero no las que dan por televisión, sino la de los libros”. La Señora Francy me habló de su hija Natalia de 5 años que “no se acuesta sin que le lean un libro” y para confirmar la seriedad con la que asume el acto de leer, afirmó: “Cuando uno lee, uno crece como ser”.

Me sentí tan identificado con el entusiasmo con el cual la Señora Francy hablaba de la lectura, que no pude resistir la idea de recomendarle afiliarse a la Red de Bibliotecas Públicas de Bogotá, para que pudiera llevar libros para ella y para compartir con su pequeña Natalia.

El tiempo pasó, y era común encontrarme con la Señora Francy por los pasillos del quinto piso y hablar un rato del programa y de su acogida en los pacientes del Hospital Universitario Mayor. El gran encuentro ocurrió el 31 de agosto, cuando la Señora Francy con una sonrisa en el rostro me contó la maravillosa noticia de que había afiliado a Natalia a la biblioteca del Tunal, “Ahora voy a poder ir para leer con mi princesita”. Francy se despidió y continuó con su trabajo con el siguiente mensaje para el programa: “Quiero felicitarlos por lo que hacen, porque los pacientes olvidan su tristeza y su dolor cuando leen. Ojala todos los hospitales tuvieran algo como Leer Para Sanar”

Sólo puedo pensar que un Programa como Leer Para Sanar puede reunir a la distancia a una paciente de más de 60 años con una “princesita” de 5 años, en dos lugares que buscan el mejorar el bienestar y la calidad de vida de las personas: El hospital y la biblioteca.

martes

El joven eterno

La siguiente carta de Ignacio Muñiz es un buen ejemplo de lo que siginifica el acto de escribir para ordenar y expresar las ideas, Gracias a Lorenzo Silva que la leyó y la publicó en la Revista WL Semanal de España. Para Escribir y Leer no hay barrera de edad.


El joven eterno


Ignacio M. Muñiz. Alicante.


Camino hacia los 92 años y ya noto el aliento de la muerte en mi nuca. Mientras tanto, vivo y recuerdo, que es una forma de vivir dos veces. A la edad de uno de mis nietos perdí a mi padre y me hice adulto de golpe. A la edad de otro de mis nietos, estudiante universitario, yo tenía que tomar decisiones en un estado mayor del ejército de la República. Ahora me hablan de una memoria histórica que para mí es realidad vivida, mi propia historia. En mi corazón apenas hay a estas alturas espacio y tiempo para la reivindicación, para la revancha: sigo viviéndome y reviviéndome más allá de leyes, conmemoraciones, titulares o debates políticos. Con Neruda, confieso que he vivido. O mejor, confieso que he sobrevivido. He vivido una vida que no elegí: me vino impuesta, pero siempre le fui leal y fiel. Como un ciprés, todavía estoy aquí, dando sombra y cobijo a los pájaros que anidan en mis ramas. 92 años dan para mucho, pero parece que el tiempo se ha detenido en mis 21 años. Soy un imperativo categórico: ¡Sobrevive! ¡Vive! ¡Recuerda! Mientras llega el cumplimiento de mi vida, pienso, escribo, leo, recuerdo, rezo y vivo, como corresponde al joven que nunca he dejado de ser, al joven eterno que ya soy.


Carta publicada en el XL Semanal 1001. Del 1 al 6 de enero de 2007.

domingo


Fotografía tomada de Bookshelf Porn

Continuando con la reflexión que sigo elaborando en torno a la práctica de la escritura como una actividad importante en nuestras vidas, leí el domingo La carta de Camilo Jiménez,periodista y exprofesor de comunicación social de la Unversidad Javeriana, con la cual me sentí muy identificado y me brindó muchos elementos que siguen alimentando la idea de tomar medidas en todos los espacios de formación (la escuela, el hogar, la biblioteca) y trabajar por una educación con mayor rigurosidad para los niños y jóvenes.



miércoles 7 de diciembre de 2011

¿Por qué dejo mi catedra en la universidad?

Por Camilo Jiménez.

Tomado de su blog el ojo en la paja

Un párrafo sin errores. No se trataba de resolver un acertijo, de componer una pieza literaria o de encontrar razones para defender un argumento resbaloso. No. Se trataba de escribir un párrafo que condensara un texto de mayor extensión. Es decir, un resumen. Un resumen de un párrafo. Donde cada frase dijera algo significativo sobre el texto original. Donde se atendieran los más básicos mandatos del lenguaje escrito –ortografía, sintaxis– y se cuidaran las mínimas normas de cortesía que quien escribe debe tener con su lector: claridad, economía, pertinencia. Si tenía ritmo y originalidad, mejor, pero no era una condición. La condición era escribir un resumen en un párrafo sin errores vistosos. Y no pudieron.
Está bien, no voy a generalizar. De treinta estudiantes, tres se acercaron y dos más hicieron su mejor esfuerzo. Veinticinco muchachos no pudieron escribir el resumen de una obra en un párrafo atildado, entregarlo en el plazo pactado y usar un número de palabras limitado, que varió de un ejercicio a otro. Estudiantes de comunicación social entre su tercer y su octavo semestre, que estudiaron doce años en colegios privados. Es probable que entre cinco y diez de ellos hubieran ido de intercambio a otro país, y que otros más conocieran una cultura distinta a la suya en algún viaje de vacaciones con la familia. Son hijos de ejecutivos que están por los cuarenta y los cincuenta, que tienen buenos trabajos, educación universitaria. Muchos son posgraduados. En casa siempre hubo un computador; puedo apostar a que al menos veinte de esos estudiantes tiene banda ancha, y que la tele de casa pasa encendida más tiempo en canales de cable que en señal abierta. Tomaron más Milo que aguadepanela, comieron más lomo y ensalada que arroz con huevo. Ustedes saben a qué me refiero.
Por supuesto que he considerado mis dubitaciones, mis debilidades. No me he sintonizado con los tiempos que corren. Mis clases no tienen presentaciones de Power Point ni películas, a lo más vemos una o dos en todo el semestre. Quizá ya no es una manera válida saber qué es una crónica leyendo crónicas, y debo más bien proyectarles diapositivas con frases en mayúsculas que indiquen qué es una crónica y en cuántas partes se divide. Mostrarles la película Capote en lugar de leer A sangre fría. No debí insistir tanto en la brevedad, en la economía, en la puntualidad. No pedirles un escrito de cien palabras sino de tres cuartillas mínimo. Que lo entregaran el lunes, o el miércoles.
De esas limitaciones e inseguridades mías, quizá, vengan las pocas y tibias preguntas de mis estudiantes este último semestre que di clase, sus silencios, su absoluta ausencia de curiosidad y de crítica. No supe preguntar esta vez, no supe invitarlos a pensar. De ahí quizá vengan sus párrafos aguados, con errores e imprecisiones, inútilmente enrevesados, con frases cojas y desgreñadas. Esos párrafos vacilantes, grises, temblorosos que me entregaron durante todo el semestre. Pareciera que estoy describiendo a un grupo de zombies. Quizá eso es lo que son. Los párrafos, quiero decir.
El curso se llama Evaluación de Textos de No Ficción y pertenece a la línea de Producción Editorial y Multimedial de la carrera de Comunicación Social de la Universidad Javeriana. En cuanto a lecturas, siempre propuse piezas ejemplares en los géneros más notorios de la no ficción: crónica, perfil, ensayo, memorias y testimonios. Los autores iban variando de un semestre a otro. Capote, Talese, Hersey, Abad Faciolince, Mitchell, Wolf, Paz, Rossi, Salcedo Ramos, Borges, Caparrós, Tejada Cano, Reyes, Samper Pizano, Sacks… A partir de esos clásicos nacionales y extranjeros los estudiantes intentaban escritos como los que debe elaborar un editor durante su ejercicio profesional. Primero un resumen: todos los textos de los editores son breves, o deberían serlo –contracubiertas, textos de catálogo, solapas, etcétera–. Una vez que la mayoría hubiera conseguido un resumen bien hecho pasábamos a escritos más complejos: notas de prensa y contracubiertas, para terminar con un informe editorial o una reseña.
En una de las sesiones semanales revisábamos lo que veníamos leyendo, y yo intentaba dirigir la conversación para que identificaran las características del género, así como las fortalezas y debilidades del texto en cuestión. La otra sesión la dedicábamos a revisar y pulir los ejercicios escritos de los estudiantes. En el centro de todo el programa estaban la participación y la escritura de textos breves a partir de otro texto mayor. Insistí siempre en la participación en clase para fomentar actividades que noto algo empañadas en la actualidad: la escucha atenta, la elaboración de razones y argumentos, oír lo que uno mismo dice y lo que dice el otro en una conversación. Buscaba que practicaran hacerse entender en un grupo, una herramienta que estimo fundamental no sólo para la vida profesional, sino para la vida civil. El otro concepto transversal –debo posar de académico—del curso, la economía lingüística, buscaba mostrarles la importancia de honrar la prosa. Si uno en cien palabras debe sintetizar un libro de 200 páginas debe cuidar cada palabra, cada frase, cada giro. En últimas, la palabra escrita les dará de comer a estos estudiantes cuando sean profesionales, no importa si se desempeñan como editores de libros, revistas o páginas web, como periodistas o como profesores e investigadores. Cada palabra es importante, cada frase debe decir algo pertinente.
La inmensa mayoría de estudiantes de este último semestre que di clase, y los de dos o tres anteriores, nunca pudieron pasar del resumen. No siempre fue así. Desde que empecé mi cátedra, en 2002, los estudiantes tenían problemas para lograr una síntesis bien hecha, y en su elaboración nos tomábamos un buen tiempo. Pero se lograba avanzar. Asimismo, siempre hubo otro ambiente en mis clases. O motivé yo un ambiente distinto, no sé. Notaba un calibre más inquieto en los veinteañeros que estaban frente a mí. Más dubitativo. Más curioso. Había más preguntas en el ambiente. No encuentro otra forma de decirlo. Lo que siento de tres o cuatro semestres para acá es más apatía y menos curiosidad. Menos proyectos personales de los estudiantes. Menos autonomía. Menos desconfianza. Menos ironía. Menos espíritu crítico.
Debe ser que no advertí cuándo la atención de mis estudiantes pasó de lo trascendente a lo insignificante. El estado de Facebook. “Esos gorditos de más”. El mensaje en el Blackberry que no da espera. Debe ser que no me supe sintonizar para el momento en que La Tigresa de Oriente se volvió más cool que Patti Smith.
Nunca he sido mamerto ni amargado ni ñoño, no me voy a engañar: a los veinte años fumaba marihuana como un rastafari y me descerebraba con alcohol cada que podía al lado de mis cuates. Quería ver tetas, e hice cosas de las que ahora no me enorgullezco por tocarlas. Empeñé mucho, mucho tiempo en eso. Pero leía. Mis amigos veían películas como si se les fueran a salir los ojos. Podíamos discutir una hora, cuál de todos más copetón, si John Cazale era el Freddo de El Padrino y el compañero de Pacino en Tarde de perros. O en qué discos de Lou Reed había tocado el bajo Fernando Saunders. Esas cosas que no interesan. O sí. No sé, en esos tiempos lo importante, creo, era discutir, especular, quedar picados para buscar después el dato inútil. Interesaba eso: buscar. A otros por supuesto les interesaban el dinero, el poder y las chicas. Y no leían. Pero había muchas personas de nuestra edad que estaban haciendo cosas, que se preguntaban cosas, que especulaban. Estoy por pensar que la curiosidad se esfumó de estos alumnos míos desde el momento en que todo lo comenzó a contestar ya, ahora mismo, el doctor Google.
Es cándido echarle la culpa a la televisión, a Internet, al Nintendo, a los teléfonos inteligentes. A los colegios, que se afanan en el bilingüismo sin alcanzar un conocimiento básico de la propia lengua. A los padres que querían que sus hijos estuvieran seguros, bien entretenidos en sus casas. Es cándido culpar al “sistema”. Pero algo está pasando en la educación básica, algo está pasando en las casas de quienes ahora están por los veinte años o menos.
Mi sobrino le dice a su madre, mi hermana, que él sí lee, que lee mucho en Internet. Es una respuesta generacional y genérica. La pregunta es cómo se lee en Internet. Lo que he visto es que se lee en medio del parloteo de las ventanas abiertas del chat, mientras se va cargando un video en Youtube, siguiendo vínculos. Lo que han perdido los nativos digitales es la capacidad de concentración, de introspección, de silencio. La capacidad de estar solos. Sólo en soledad, en silencio, nacen las preguntas, las ideas. Los nativos digitales no conocen la soledad ni la introspección. Tienen 302 seguidoresen Twitter. Tienen 643 amigos en Facebook.
Dejo la cátedra porque no me pude comunicar con los nativos digitales. No entiendo sus nuevos intereses, no encontré la manera de mostrarles lo que considero esencial en este hermoso oficio de la edición. Quizá la lectura sea ya otra cosa con la que no me pude sintonizar. De pronto ya no se trata de comprender un texto, de dialogar con él. Quizá la lectura sea ahora salir al mar de Internet a pescar fragmentos, citas y vínculos. Y en consecuencia, la escritura esté mudando a esas frases sueltas, grises, sin vida, siempre con errores. Por eso los nuevos párrafos que se están escribiendo parecen zombies. Ya veremos qué pasa dentro de unos pocos años, cuando los alumnos de mi último semestre de clases tengan treinta y estén trabajando en editoriales, en portales y revistas. Por ahora, para mí, ha llegado el momento de retirarme. Al tiempo que sigo con mis cosas voy a pensar en este asunto, a mirarlo con detenimiento. Pongo el punto final a esta carta de renuncia con un nudo en la garganta.

El texto se puede leer en un Especial para EL TIEMPO

http://www.eltiempo.com/vida-de-hoy/educacion/camilo-jimnez-renuncia-a-ctedra-de-comunicacin-social-porque-sus-editores-no-saben-escribir_10906583-4#opiusuarios_content

lunes

Escribir nos ayuda a ordenar las ideas

Encuentro pertinente el análisis que hace Yolanda Reyes de la escritura: como una herramienta del pensamiento que ayuda a los hombres, mujeres, niños y niñas para reflexionar no solo en la forma sino en el contenido de las ideas y evitar expresar tantas bobadas.

La incontinencia verbal

Por Yolanda Reyes

"Quien mucho habla, mucho yerra", dice un antiguo refrán, y todos damos fe de la cantidad de muletillas, malentendidos y frases hechas y mal hechas que se escapan en la charla cotidiana. Por eso es más difícil, pero también más seguro, escribir. Mientras luchamos con palabras y conectores, relacionando oraciones, borrando, releyendo y reescribiendo, se ordena el pensamiento y descubrimos que no todo lo dicho aguanta el paso a lo escrito.

Quizás por nuestra impaciencia no somos un país que valore la escritura. Somos mejores cuentachistes, culebreros, copleros, improvisadores de discursos veintejulieros y contadores de chismes políticos que confundimos con noticias. Nuestra "facilidad de expresión" nos ha conducido directamente de la tradición oral a la oralidad secundaria de los medios, sin pasar por la escritura.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
13 de noviembre de 2011

Para leer el texto completo pueden ir al enlace:

http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/yolandareyes/la-incontinencia-verbal_10759790-4


La palabra creadora de universos

Helena Rodríguez Oliva

foto de kevin Doodley (Flickr)

Cuando en medio de mi infancia escuché la frase inquisidora de mis padres sentenciando la ausencia de televisor hasta nueva orden, no pude imaginarme que los cinco años que siguieron (obviamente sin televisor) me darían menos temas de conversación con mis contemporáneos y más autoridad para escribir sobre palabras.

Desde las lejanas épocas donde Gregorio Samsa se retorcía en su cama intentando recobrar la compostura, entendí que las palabras se buscaban. Se debía acudir a la memoria de los libros para encontrar las mezclas que sustentaran las ideas. Cada letra tenía memoria y tenía alma. Todo lo escrito comprometía al escritor con un mensaje, bueno o malo, pero en últimas su mensaje.

Mi escaso acercamiento a los Superamigos, los Pitufos y los Thundercats, me obligó a refugiarme en las cálidas y soleadas praderas de Alicia junto al gato de Cheshire, donde el sombrerero me tomaba de las manos y me contaba al oído, que un par de hermanos buscaban una pequeña niña de túnica roja y siete enanos medio perdidos en el bosque.

Luego, obligada por la post-modernidad a retomar la tecnología, me encontré de frente con que las palabras ahora van como perdidas, prestadas en medio de los comandos de un computador o de un control remoto. Rebotando en la nada de quien se ve expuesto diariamente a millones de estímulos más poderosos, psicodélicos y adictivos.

Ya desde el jardín de niños las letras no se enseñan desde el papel que las sustenta, sino desde el estimulante mundo de los medios audiovisuales. Una E no es E per se, es E en la medida que componga un E-mail.

Las palabras han perdido su pelea. Ahora se encuentran tergiversadas, compartidas y disminuidas en medio de anuncios que con una imagen desbancan su antigua supremacía. Los primeros signos universales han perdido su valor y como en una antigua fórmula alquímica, se han transformado.

Ahora en medio del pragmatismo, son desechables. Su nacimiento ya no obedece a las comunes leyes del lenguaje, sino a la necesidad urgente de quien desea expresarse. La consigna es hacerse entender. Para las otras cosas, como expresar y transmitir, están los emoticones -mucho menos exigentes en términos semánticos-.

La botella al mar para el Dios de las palabras de Gabriel García Márquez, se está haciendo realidad día tras día. Sin embargo las botellas no llegarán por medio del mar insondable y profundo conocido por los hombres de pasadas genealogías, sino por el mar virtual creado en Internet y transmitido por medio de la red inalámbrica WiFi.

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Este artículo se puede encontrar El Magazín el blog cultural del periódico EL ESPECTADOR:

http://blogs.elespectador.com/elmagazin/2011/11/16/la-palabra-creadora-de-universos/

miércoles

Es mejor prevevenir...


El jueves encontré a Paola Araque, Terapista Ocupacional del Hospital, trabajando con las pacientes de la habitación 833. A Paola ya la había encontrado en otras ocasiones en las habitaciones del octavo piso acompañando con su trabajo a los pacientes de una forma que va más allá de lo terapéutico, involucrando siempre el componente afectivo. Este día fue particular, ya que juntos compartimos nuestras habilidades profesionales cuidando de la Señora Paulina Suárez y la Señora María Marín. Mientras Paula dirigía los ejercicios para fortalecer la motricidad de las manos de la Señora Paulina o daba recomendaciones a la señora María Mogollón acompañante de la Señora María para girarla en su cama, yo leía en voz alta el libro de “Refranes populares” e interactuaba con las pacientes y las personas que se encontraban en la habitación. Una de las actividades que me gusta desarrollar con este libro es la de leer una parte del refrán y dejar un espacio para que los pacientes o los acompañantes lo completen.

En una de las pausas que se dieron para jugar con el refrán “Es mejor prevenir”… Paula observó como todos los participantes se quedaban en silencio y notó la aflicción que sentía la señora María Mogollón por la paciente que cuidaba, así que con una espontaneidad brillante completó el refrán con la adaptación: “es mejor prevenir que ponerse triste”. La señora María recibió sus palabras como una caricia que le arrullaba el alma, y su rostro cambió totalmente abriéndose totalmente a la experiencia de escuchar y permitir recrearse con el lenguaje literario.

La ingeniosa intervención de Paola generó un clima propicio para leer poesía, el cual aproveché para compartir algunos de los poemas que más me gustan de David Chericián reunidos en el libro “El amor es un niño travieso”. Esta segunda tanda de lectura en voz alta logró canalizar la sensibilidad que sembró Paola con las pacientes y los acompañantes al punto que la señora María Mogollón expresó al finalizar la lectura: “Esto de escuchar poesía me hizo pensar en cosas diferentes. La lectura me ayudo. Que labor tan bonita la que hacen en Méderi: Devolverle la fe a la gente y hacerla pensar en cosas bonitas.”

La señora María Mogollón, quedo tan emocionada con el libro de poesía que lo solicitó prestado para leer en la mañana. Cuando lo recogí al medio día me comentó que ella vivía en Mariquita, y que tenía un nieto de 8 años al que le compraría ese libro y se lo llevaría de regalo en cuanto regresara a su pueblo.

Así que este jueves me llevé una nueva satisfacción profesional al trabajar en equipo con Paola Araque, una compañera de Méderi que ve en cada persona que visita el hospital a un ser valioso que debe recibir una atención integral, en el cual el área corporal y el área emocional son igual de importantes a la hora de cuidar y sanar a las personas.

sábado

En el comienzo era el Verbo


Autor

Yolanda Reyes

Todo comienza en una habitación iluminada por una lamparita, con alguien que nos cuenta un cuento. O más atrás, con una voz que nos arrulla cuando aún no tenemos las palabras. A diferencia de los otros mamíferos, la historia de la especie humana parece corroborar aquella vieja frase: "en el comienzo era el verbo".

Nos marcan con un nombre, entre la infinidad de nombres, al que le vamos dando cara, lentamente, y nos entregan unos apellidos que amarran el pasado y el presente y que legaremos al futuro. Quizás por ser parte de una saga escrita con palabras, necesitamos ser nutridos, no solo con leche, sino con esas envolturas -historias, cuentos y poemas- que logran reunir a los que están llegando con los que llegaron hace tiempo y con los que ya se fueron.

Tal vez leer es asistir a una conversación entre los que están -aquí y ahora-, los que viven lejos o murieron y los que vivirán cuando no estemos. Para evitar quedarse solos y librados a su suerte, entre esos monstruos que pueblan las infancias, los niños piden un cuento y otro y otro... Además del contenido de la historia, los cuentos y la voz son el pretexto para mantener a los seres queridos literalmente sujetos entre en esa urdimbre de palabras que dan cuenta de la odisea por construir sentido. Quizás cuando crecemos seguimos leyendo para revivir ese ritual, ese triángulo amoroso que cada noche unía tres vértices: un niño, un libro y un adulto.



Publicación

eltiempo.com

Sección

Editorial - opinión

Fecha de publicación

2 de mayo de 2011


Animación autorizada de la obra "Adivina cuanto te quiero" de Sam McBratney
y las ilustraciones de Anita Jeram, narrado por Dan Russell.





Puedes buscar y leer este libro en BibloRed con la siguiente clave de autor:
C MCBA
(Rotulo - Verde- de Cuento)
El jueves me encontré una bonita sorpresa, cuando al entrar a una de las habitaciones del quinto piso encontré a Jessica con su pequeño bebé de dos días de nacido. Como estaba en la ronda de préstamo de libros para la lectura personal de los pacientes, Jessica expresó su deseo por leer un cuento a Matías. Sin embargo al pasar dos horas después a recoger el libro, Jessica me contó que no había tenido tiempo de leer ya que Matías había estado muy inquieto y triste. En ese momento se encontraban acompañados por Gelber, su esposo, que cargaba y consentía a Matías. Yo recogí el libro y les comenté que no había ningún problema y salí de la habitación, sin embargo algo en mi interior hizo que desandará los pasos y les preguntará si querían que les leyera un cuento a los tres. Gelber miró a Jessica que acostada en la cama dio su permiso para hacer la lectura en voz alta del libro más “pequeño” de la colección de Leer Para Sanar. Entré con “Adivina cuanto te quiero” un libro de medio metro de alto y me entregué a compartir las palabras de Sam McBratney y las ilustraciones de Anita Jeram. Fue muy divertido realizar pausas para hacerles preguntas de predicción a Jessica y a Gelber de lo que seguiría en la historia de las dos liebres color avellana, algunas veces acertaban, y otras se reían cuando pasaba algo diferente. Durante todo el tiempo Matías estuvo quieto mirando a su papá, que hablaba y observaba con atención el libro. De alguna manera Matías realizó dos lecturas esa mañana, la primera fue la que escuchó por mi voz y la segunda, y más importante, fue la que hizo del rostro y voz de su padre. Al terminar la lectura me despedí de la familia y les expresé la emoción que sentía al tener el privilegio de ser la primera persona que le leía a Matías gracias al programa Leer Para Sanar.

Este programa, ejecutado en convenio entre Méderi y Fundalectura, abarca la adquisición, organización, conservación y suministro de materiales y servicios bibliotecarios que pueden, conforme a las necesidades de cada paciente, contribuir a la atención integral para su recuperación, dar seguridad y alivio a su pérdida de autonomía, contribuir al mejoramiento de su rendimiento cognitivo y funcional, evitar la desconexión del entorno y fortalecer las relaciones sociales.


La función principal de “Leer para sanar” radica en la posibilidad de facilitar libros de distintas temáticas a pacientes y visitantes para que su estadía en nuestros hospitales sea más confortable, amena y provechosa.

Inicialmente “Leer para sanar” va dirigido a los pacientes que se encuentran en los pisos de hospitalización de los hospitales Méderi. En cada sede se ha estructurado un espacio para el almacenamiento del material y se capacitó a tres promotores (dos para el Hospital Universitario Mayor y uno para el Hospital Universitario de Barrios Unidos) quienes se desplazarán por los pisos ofreciendo a pacientes y familiares la posibilidad de un acompañamiento a través de un libro.

Para conocer mejor el Programa Leer Para Sanar de Méderi y ver la charla de inauguración del poeta y escritor Juan Gustavo Cobo Borda pueden visitar:

Foto de Claudia Rubio /EL TIEMPO

Tres bibliotecas rodantes ayudan a "sanar" a los enfermos


Se pasean por los pasillos de los hospitales para subir los ánimos a través de la lectura.

Adriana*, de unos 50 años, escuchó con atención las letras de Dorotea y Miguel, un cuento infantil que la hizo olvidarse las camas de hospital, los médicos y la dura enfermedad que estaba viviendo. Quien le leía en voz alta cerró el libro y se despidió.

Unos metros adelante, el promotor de lectura escuchó el código azul, que alertaba del paro respiratorio de la paciente. Ese fue el último día en que Adriana estuvo en la tierra y Dorotea y Miguel, de la ilustradora Keiko Kasza, su última lectura.

Al día siguiente, Robertson Alvarado, el promotor de lectura, siguió impulsando el carrito de libros y visitando a los pacientes más críticos, pero esta vez con la convicción de que había logrado que los últimos minutos de Adriana fueran menos dolorosos.

Con ese objetivo, desde hace seis meses, tres carritos con las letras de Jairo Aníbal Niño, Daniel Samper Pizano y hasta José Saramago, entre otros autores, se reparten "como la medicina para el alma" de los pacientes del Hospital Universitario Mayor (antiguo San Pedro Claver) y el Hospital Universitario Barrios Unidos.

La escena del jueves pasado, en el sexto piso del Hospital Universitario Mayor, fue distinta. María Paula, de 12 horas de nacida, escuchaba abrazada a su papá El tigre y el rayo, su primera lectura.

En una habitación conjunta, Miryam Cortés, conectada a una bala de oxígeno, reía cada vez que a Margoire Pacheco, la promotora, se le enredaban las palabras con los trabalenguas de un libro con llamativas imágenes.

"En un hospital, los pacientes enfrentan condiciones difíciles y con Leer para sanar logramos que su estadía en este lugar sea más grata", explicó Orlando Jaramillo, presidente del Grupo Méderi y promotor de la iniciativa.

En seis meses, más de 5.200 lecturas han hecho sonreír a pacientes que no lo hacían y "logra interrumpir esos duelos interminables que viven los pacientes cuando llevan semanas y hasta meses en una cama", contó Paola Araque, terapeuta ocupacional.

* Nombre cambiado

http://www.eltiempo.com/colombia/bogota/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-10751352.html

viernes

Ilustración del libro álbum "La noche estrellada"
de Jimmy Liao

miércoles


Comentario de Shaun Tan acerca de La Cosa Perdida

Lo que empezó como una divertida historia sin sentido pronto se convirtió en una fábula sobre todo tipo de preocupaciones sociales, con un final bastante ambiguo. Me interesó la idea de una criatura o persona que realmente no procediera de ninguna parte, ni que tuviera ningún tipo de relación con nada, que simplemente estuviera «perdida». Quería contar la historia desde el punto de vista de un personaje que representaría cómo podría yo responder personalmente a ello, por lo que el narrador anónimo soy esencialmente yo (aunque yo solía recoger conchas en la playa, en lugar de tapones de botella).

Tardé un par de semanas en escribir la historia en la mesa de mi cocina, el esbozo original era mucho más largo y detallado, y estaba ambientado en un barrio residencial muy parecido al sitio donde yo crecí. Más adelante eso cambió cuando empecé a desarrollar la idea de que sería una especie de barrio «retro-futurista» en el que casi no habria seres vivos aparte de la gente y todo sería muy aburrido y agobiante, aunque a nadie le importaría demasiado.

El texto está escrito como si se tratara de una anécdota cualquiera, contada por el chico y dirigida al lector presentándola como una especie de historia del tipo “lo que hice durante el verano”. Es significativo que la criatura en cuestión no se describa nunca físicamente, y que se diga poca cosa acerca del entorno en el que se desarrolla la historia: ahí es donde entran en juego las ilustraciones. Leído aisladamente, el texto sonaría como si tratara acerca de un perro perdido en un barrio o ciudad cualquiera, pero las imágenes revelan a un animal extraño con tentáculos en un mundo surrealista, sin árboles, con el cielo verde, demasiadas tuberías, cemento y maquinaria.

La relación entre palabras e imágenes es mínima, una gran dosis de humor de la historia surge a partir de ahí, ya que las imágenes desafían a lo que se espera de ellas, y todas esas absurdidades son recibidas con una especie de desinterés despreocupado por parte del narrador. Ese tono es coherente con el tema del libro, que tiene que ver con cuestiones de apatía, especialmente la supresión de la imaginación y la distracción lúdica por medio del pragmatismo y la burocracia, condiciones que afectan tanto a la sociedad como a los individuos.

Para conocer más de Shaun Tan puedes visitar su blog en español:

Puedes disfrutar de la lectura de La Cosa Perdida en las bibliotecas de BibloRed con la siguiente clave:
C TANC
(Rotulo - Verde - de cuento)




Jimmy Liao

Nació en Taipei (Taiwán) en 1958.

Se licenció en Bellas Artes. Después de una brillante trayectoria de doce años en el mundo de la publicidad, una leucemia le obligó a replantearse su vida: a los cuarenta, abandonó su empleo en una agencia para dedicarse por entero a escribir y dibujar sus propias historias, dirigidas tanto al público infantil como al adulto. A día de hoy, Jimmy ha publicado diecisiete libros, que han sido traducidos al inglés, francés, alemán, griego, japonés, coreano y español, entre otros idiomas.

El pez que sonreía

Este libro de Jimmy Liao está basado en una mascota que tenía el autor. La adaptación en dibujos animados de El pez que sonreía obtuvo en el 2006 el Premio Especial al Mejor Cortometraje de Animación del Festival Internacional de Berlín. “En apariencia simple, la cinta nos invita a abrir los corazones hacia la verdad de que, si liberas algo, tú también eres libre”.

Pueden leer una parte del libro en el siguiente enlace a Issuu

Open publication - Free publishing - More jimmy liao

Pueden ver todo el cortometraje en el siguiente enlace


martes

Día Internacional del Libro Infantil 2011


Texto de Aino Pervik Ilustración de Jüri Mildeberg


El libro recuerda

“Cuando Arno llegó a la escuela con su padre, las clases ya habían comenzado.” En mi país, Estonia, casi todo el mundo conoce esta frase de memoria. Así comienza un libro. El título del libro es “Primavera”, que se publicó en 1912 y fue escrito por el escritor estonio Oskar Luts (1887 – 1953). “Primavera” narra la vida de los niños de una escuela rural de un pueblo de finales del siglo XIX en Estonia. Oskar Luts escribió de sus años escolares. Arno es en realidad el mismo Oskar Luts en su niñez. Los investigadores estudian documentos antiguos y escriben libros de historia según éstos. Los libros de historia hablan de sucesos que han tenido lugar alguna vez. En los libros de historia uno no entiende bien cómo era la vida de la gente corriente de aquella época. Sin embargo, los libros históricos costumbristas recuerdan hechos que no hallamos en los documentos históricos, como por ejemplo lo que pensaba un chiquillo como Arno cuando hace cien años iba a la escuela. El libro recuerda los sueños de los niños, sus dudas, sus gustos y sus aficiones. También recuerda a los padres de los niños, cómo ellos hubieran querido ser y lo que deseaban para el futuro de sus hijos. Por supuesto que hoy en día también se puede escribir libros de tiempos pasados y éstos son a menudo apasionantes. Pero en realidad, un autor de ahora no siente los olores, los sabores, los temores y los gustos de los tiempos remotos. Él sabe ya lo que ha sucedido, lo que el porvenir tenía velado a la gente de entonces. Los libros recuerdan la época en la que han sido escritos. Con las novelas de Charles Dickens sabemos qué le parecía a un niño la veda en las calles de Londres a mediados del siglo XIX, cuando Oliver Twist se paseaba por ellas. A través de los ojos de David Copperfield –que eran los mismos ojos de Dickens- también nosotros vemos toda clase de tipos que vivían en la Inglaterra de mediados del siglo XIX, cuáles eran las relaciones entre ellos y cuáles eran las ideas y emociones en las que se fundamentaban. Como David Copperfield es en gran medida Charles Dickens, éste no ha tenido que inventar nada; él simplemente sabía. Los libros nos dan a conocer lo que realmente sentían Tom Sawyer, Huckleberry Finn y su amigo Jim al navegar a lo largo del Mississippi a finales del siglo XIX en el momento en el que Mark Twain narraba sus aventuras: él conocía profundamente lo que la gente de su época pensaba de los demás, porque él mismo vivía entre ellos. Él era uno de ellos. Las obras literarias que han sido escritas en su misma época, cuando la gente de entonces aún vivía, son las que hablan de manera más auténtica de la gente del pasado.


Aino Pervik Traducido al castellano por Teresa Peña Díaz-Varela

Lecturas, Mujeres, Historia y Arte

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María Elena Walsh
1930 - 2011


"Donde no hay libros hace frío.
Vale para las casas,
las ciudades,
los países;
un frío de cataclismo,
un paramo de amnesía"



jueves

El Punto
Peter Reynolds
El Punto es una encantadora invitación a la auto-expresión, escrita e ilustrada por Peter Reynolds. El autor comenta su experiencias con la creatividad:
“Visito clases a menudo y pregunto a quién le gusta dibujar. En parvulario todos alzan la mano. Después, a medida que voy preguntando en los cursos superiores, el número de manos en alto va disminuyendo hasta que, finalmente, ninguno alza la mano o apuntan al “artista de la clase”. Es triste ver como la energía artística y creativa va decreciendo, va desapareciendo. Estoy convencido de que es porque los niños aprenden que hay ‘reglas’ que seguir. Pero cuando se trata de expresarte, puedes inventar tus propias reglas. Las puedes cambiar, estirar; las puedes ignorar y lanzarte a lo desconocido.”

I´m here
"Para el mundo eres solo una persona, pero para una persona eres el mundo. "



Biografía

Peter H. Reynolds y su hermano gemelo (y ahora también socio) nacieron en Canadá, y a los tres años se trasladaron al suburbio de Massachusetts. Hicieron su primera incursión en el mundo editorial a los siete años, cuando empezaron a crear sus propios periódicos y cómics en la fotocopiadora de su padre. Peter atribuye su extraordinario sentido del humor y su afición por lo absurdo a haber crecido con “unos padres británicos muy excéntricos” aficionados a Monty Python. “No era una casa normal,” recuerda. De sus padres también ha heredado el amor por el te, que usa tanto como material de arte, como para beber.
Puedes encontrar más información de este maravilloso autor e ilustrador canadiense en su página:

miércoles

Institución Educativa Departamenta Alonso de Olalla
Sede Ilo Grande
Mucipio de Villeta, Cundinamarca

Niños y niñas de Grado O y Primero










Soledad y solidaridad

Lector: Andrés Monroy


Bogotá - 2005


Estar en un hospital puede generar muchas emociones en todos, tanto en el paciente como en el cuidador.


La tristeza, el miedo la ansiedad son sentimientos que se pueden llevar “mejor” si está a nuestro lado una persona cercana que nos ama y nos brinda seguridad para sobrellevar las situaciones más difíciles.


A lo largo del programa he compartido con diferentes niños que pasan por los diversos estados emotivos y es reconfortante ver que en la gran mayoría de los casos, estos niños se encuentran acompañados por sus seres queridos.


Pero existe, sin embargo, un pequeño grupo de niños que llegan al hospital por diversas razones (para someterse a una cirugía, a una serie de terapias, o simplemente por alguna enfermedad) y pasan toda esta experiencia en soledad.


Para estos niños, los lectores que los visitan gracias a la presencia en las instituciones del programa Palabras que Acompañan-Dolex, se convierten en los generadores de uno de los pocos espacios en los cuales los pequeños pueden ser el centro de un intercambio en el que los adultos no les piden nada a cambio. Esa oportunidad de compartir con alguien, que te lee, te escucha y te reconoce como individuo, es una experiencia que se vuelve imborrable en la memoria de todos estos niños para los que la sociedad es su otra compañera invisible en el hospital.


Algo que nunca dejará de sorprenderme, es ver la solidaridad que se crea alrededor de estos niños, pues las enfermeras jefes, las auxiliares, las terapistas respiratorias y las madres de los otros niños con los que comparten habitación, se toman como un problema personal la ausencia de compañía de estos pequeños y siempre te están recomendando que les dediques un tiempo especial a ellos.


Es así como llegamos a entablar una relación que va creciendo día a día con niños y niñas como Karen de dos años de edad, quien llevaba más de un mes en el Hospital de la Victoria y que en medio del tedio de su rutina, acurrucada en su cuna amarilla, pegaba un brinco, para levantarse y apoyarse en la baranda para recibirnos con una sonrisa que no tenía unos segundo antes, pues veía que nos acercábamos con el carro y los libros del programa. Karen era conciente de que iba a pasar un momento en el que alguien la miraría a los ojos y le narraría una historia, o le hablaría de los animales que ella señalaba e intentaba repetir, como apropiándose de todo lo que significa ese rato con el que compartimos juntos. Estoy seguro que estas “Palabras” fueron para Karen unas caricias que tocaron lo más profundo de su ser.



Fotografía de Adriana Castellanos

Día Internacional del Libro y el Derecho de Autor 2010

Desde que el hombre aprendió a vivir en la intimidad de los libros, descubrió un lenguaje entrañable. Leer un libro es como abrazar y ser abrazado: nada sustituye la intensidad de ese hechizo.


Tomás Eloy Martínez
16 de julio de 1934 - 31 de enero de 2010





El poder de escribir
Luís María Pescetti

Quienes conocen un lápiz saben que es parecido a una varita mágica, una batuta de director de orquesta y con la forma de un pararrayos, aunque más pequeño.
Es una herramienta poderosa, como las espadas de Guerra de las Galaxias, pero sin luz, y sin hacer daño; pero es poderosa.
Podría decirles que pueden contar lo que quieran, pero eso no ayuda, voy a dar ejemplos.
Con un lápiz se puede contar nuestra vida, igual a cómo es; o contarla tal como nos gustaría que fuera. Se pueden contar historias que vimos y que nos gustaron mucho, o que no nos gustaron nada: contarlas para no sentirnos solos con eso que vivimos.
Se puede inventar una historia que parezca real. Se puede inventar una donde todo es mágico y
ocurren los fenómenos más imposibles.
Podemos contar chistes que hagan reír, o historias que sean tan tristes que hagan llorar.
Podemos intentar escribir historias para hacernos famosos, o para que nos miren con más respeto. Para llamar la atención de una chica o un chico en especial.
Podemos hacer una denuncia: “Tal persona miente” “Tal otra persona hace algo que está mal”. Y a eso se puede escribirlo con forma de cuento inventado, o directo, tal cual lo sabemos.
También se puede hacer una propuesta: “Me gustaria que…”
Podemos anotar una historia que nos contaron, así no se olvida más, o inventar una que diga todo lo contrario para reírnos de esa que nos contaron.
Podemos inventar un mundo en el que se cumplen todos nuestros deseos, o inventar una historia
en la que vencemos nuestras dificultades.
Podemos tener nuestra propia voz, esto quiere decir que no vamos a decir lo que nos dicten sino lo que pensamos o sentimos. Eso nos obliga a descubrir nuestros pensamientos, a sostenerlos o cambiarlos.
“Nuestra voz” quiere decir: nuestra verdad, dicha con las palabras que encontramos. Es única, nadie la tiene por nosotros, se puede descubrir, mejorar y cambiar.
Al escribir nos gusta llamar la atención de los que nos van a leer, y que nos crean. Hay que aprender cómo: se puede aprender eso, y es divertido.
Nadie tiene la obligación de escribir, el que quiere puede hacerlo, y quien no lo desee no debe sentirse obligado.
Cuando escribimos podemos ser más libres y ser más fuertes. Sentirnos mejor con nosotros mismos. Tener más secretos y tener más amigos.
Es como ir en bicicleta: hay lugares en los que podemos ir con todo, y otros en los que hay que tener cuidado de no atropellar a nadie, o de que nos choquen. Con un lápiz pasa lo mismo.
Yo, Luis, escribo porque me divierte, también porque necesité contar cómo murió mi papá y cómo extrañé a mi mamá. Porque el amor me dio tan alegría que quise escribir. También porque me sentí tan confundido que necesité escribir para aclararme un poco. Porque siento que puedo ayudar, y porque me da mucho placer cuando se produce silencio ante una historia que leo.
También porque me gusta mucho hacer reír. Escribo porque me siento más acompañado o menos triste, más fuerte, más claro, más poderoso.


Puedes encontrar otros libros de Luís María Pescetti en las bibliotecas públicas de BibloRed o del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas.



Caperucita Roja (Según se la contaron a Jorge)
C PESC ( Rotulo Verde - Cuento-)
La tarea según Natasha
323.352 P37T

También puedes visitar el blog de Luís y escuchar sus canciones en mp3 y ver sus videos.

viernes

Día Internacional del Libro Infantil 2010

"Un libro está esperándote, encuéntralo"

Ilustración de Noemí Villamuza (España)
Texto de Eliacer Cansino

miércoles

El Superzorro
La novela de Roald Dahl es llevada al cine por el director Wes Anderson. Mira el Trailer y ayuda al Superzorro en una divertida misión ultrasecreta.


Misión
El Superzorro está en problemas y envía un mensaje a su amigo Tejón.
¿Qué le dirá en ese mensaje? Ayudanos a descifrarlo.


Alfabeto codificado



El superzorro es publicado en español por Alfaguara. Lo puedes encontrar en las Salas Infantiles de las Bibliotecas de BibloRed por la siguiente clave de autor:
N DAHS (Rotulo Azul - Novela-).
En la página http://www.roalddahl.com/ podrás conocer más de la vida de este escritor Gales y divertirte con muchas actividades basadas en sus personajes.










martes


Cuando eres niño estás sumergido en el mar de la imaginación. Unas veces rozas el fondo marino mientras nadas, otras buceas alrededor de los peces y las ballenas, pero, la mayor parte del tiempo, simplemente te dejas llevar por la corriente.

Al final creces. Lentamente haces pie, y el agua te empieza a llegar por el cuello, luego por la cintura, después por los tobillos, hasta que el mar se hace tan pequeño que es solo un charco que te moja los zapatos.

Algunos dicen que si llenas un vaso con esa agua y te la bebes, vuelves a sumergirte y a ser el niño que fuiste.

Otros, sencillamente, nunca dejan de nadar.

Rafal Calatayud Cano
En el mar de la imaginación. Edelvives. Zaragoza. 2003.

Con esta obra Rafael Calatayud recibió el XIV Premio Ala Delta que otorga la Editorial Edelvives en España. Lo puedes encontrar en las salas infantiles de BibloRed por la clave de autor:

C CALE (Rotulo Verde - Cuento-).

Las ilustraciones son de Roger Olmos. Puedes ver su trabajo en la siguiente página:

www.rogerolmos.com

viernes

Mi Globo Paseando Por Nueva York: Yo En El Metropolitan Museum

Una maravillosa mañana de primavera, a las puertas del famoso Metropolitan Museum of Art, una niña descubre, decepcionada, que ella y su abuela si pueden entrar, pero no su precioso globo amarillo. Un amable vigilante del museo promete cuidar del globo. Pero, tras intervenir una pequeña y traviesa paloma, el honrado vigilante comprobará que cumplir su promesa va a ser una tarea mucho mas dura de lo que nunca podría haber imaginado. Con solo unos pocos picotazos, la paloma desatara el cordel del globo y este echara a volar? poniendo patas arriba una ciudad donde el arte y la vida urbana se entremezclan a un ritmo todavía más frenético, divertido y fantástico. El vuelo del globo por la ciudad ira produciendo una avalancha de excitantes escenas, en curioso paralelismo con los cuadros y las esculturas que los extasiados ojos de la niña van observando en su recorrido por el museo. La simetría de estas dos experiencias muestra y analiza, de forma divertida, la mágica relación que mantienen el arte y la vida. A todo ello, Jacqueline Preiss Weitzman y Robin Preiss Glasser, hermanas de la vida real, le han añadido su genial sentido del absurdo, regalándonos una divertida manera de ver el modo en que el arte imita a la vida ¿O seria mejor decir el modo en que la vida mira al arte?

Este libro de las hermanas Preiss lo puedes encontrar en las salas infantiles de las bibliotecas de BibloRed por la siguiente clave de autor:

A PREM (Rotulo Amarillo - Libro Álbum-).

La Agrupación Bogotana Hotel Mama presenta en el video clip de la canción Arena Blanca una bella historia de una niña que recorre las calles de Bogotá siguiendo a un travieso globo, que nos recuerda la historia de Jacqueline Preiss Weitzman y Robin Preiss Glasser.


Hotel Mama. Tema: Arena Blanca


Para conocer más de la agrupación Hotel Mama y escuchar más sus sonidos visita la sigueinte página: www.myspace.com/hotelmama

lunes


La prensa japonesa es la de mayor volumen del mundo. A pesar de la crisis:
Los japoneses siguen siendo los mejores consumidores de prensa (del mundo), con 624 diarios vendidos por cada 1.000 adultos. En la mayoría de los hogares de Japón se recibe al menos un periódico cada día. El de mayor tirada del mundo, el Yomiuri, publica más diez millones de ejemplares diarios.
A pesar de estas cifras, no son muchas las personas que se ven leyendo sus periódicos en el metro de Tokio. ¿Por qué? Probablemente porque en los atestados vagones de metro el despliegue de un periódico causa molestias a los vecinos. Esto es lo que explica, bilingüemente, uno de los muchos carteles de educación pública presentes en Tokyo. (Traducción del algo extraño inglés del cartel: "Si vas a leer palabras durante la hora punta, desearíamos que también leyeras entre líneas").

jueves

Home
Documental

Un hermoso y sabio documental de Yann Arthus-Bertrand, narrado en español por Salma Hayek
“Estamos viviendo un periodo crucial. Los científicos nos dicen que solo tenemos 10 años para cambiar nuestros modos de vida, evitar de agotar los recursos naturales e impedir una evolución catastrófica del clima de la Tierra. Cada uno de nosotros debe participar en el esfuerzo colectivo, y es para sensibilizar al mayor número de personas que realizé la película HOME. Para que esta película sea difundida lo más ampliamente posible, tenía que ser gratuita. Un mecenas, el grupo PPR, permitió que lo sea. Europacorp que lo distribuye, se comprometió en no tener ningún beneficio porque HOME no tiene ningún interés comercial.Me gustaría que esta película se convierta en vuestra pelicula. Compártelo. Y actúa.”
Yann Arthus-Bertrand

Para ver el video haz click en el enlace
Para conocer más la labor del documentalisa Yann Arthus-Bertrand ir al sigueinte Web Site:


lunes

Colegio Nueva Vida
Barrio Paraíso
Localidad de Ciudad Bolivar
23 de Noviembre 2009