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miércoles

El poder de escribir



Por: Luís María Pescetti

Quienes conocen un lápiz saben que es parecido a una varita mágica, una batuta de director de orquesta y con la forma de un pararrayos, aunque más pequeño.

Es una herramienta poderosa, como las espadas de Guerra de las Galaxias, pero sin luz, y sin hacer daño; pero es poderosa.

Podría decirles que pueden contar lo que quieran, pero eso no ayuda, voy a dar ejemplos.

Con un lápiz se puede contar nuestra vida, igual a cómo es; o contarla tal como nos gustaría que fuera. Se pueden contar historias que vimos y que nos gustaron mucho, o que no nos gustaron nada: contarlas para no sentirnos solos con eso que vivimos.

Se puede inventar una historia que parezca real. Se puede inventar una donde todo es mágico y
ocurren los fenómenos más imposibles.

Podemos contar chistes que hagan reír, o historias que sean tan tristes que hagan llorar.

Podemos intentar escribir historias para hacernos famosos, o para que nos miren con más respeto. Para llamar la atención de una chica o un chico en especial.

Podemos hacer una denuncia: “Tal persona miente” “Tal otra persona hace algo que está mal”. Y a eso se puede escribirlo con forma de cuento inventado, o directo, tal cual lo sabemos.

También se puede hacer una propuesta: “Me gustaria que…”

Podemos anotar una historia que nos contaron, así no se olvida más, o inventar una que diga todo lo contrario para reírnos de esa que nos contaron.

Podemos inventar un mundo en el que se cumplen todos nuestros deseos, o inventar una historia
en la que vencemos nuestras dificultades.

Podemos tener nuestra propia voz, esto quiere decir que no vamos a decir lo que nos dicten sino lo que pensamos o sentimos. Eso nos obliga a descubrir nuestros pensamientos, a sostenerlos o cambiarlos.

“Nuestra voz” quiere decir: nuestra verdad, dicha con las palabras que encontramos. Es única, nadie la tiene por nosotros, se puede descubrir, mejorar y cambiar.

Al escribir nos gusta llamar la atención de los que nos van a leer, y que nos crean. Hay que aprender cómo: se puede aprender eso, y es divertido.

Nadie tiene la obligación de escribir, el que quiere puede hacerlo, y quien no lo desee no debe sentirse obligado.

Cuando escribimos podemos ser más libres y ser más fuertes. Sentirnos mejor con nosotros mismos. Tener más secretos y tener más amigos.

Es como ir en bicicleta: hay lugares en los que podemos ir con todo, y otros en los que hay que tener cuidado de no atropellar a nadie, o de que nos choquen. Con un lápiz pasa lo mismo.

Yo, Luis, escribo porque me divierte, también porque necesité contar cómo murió mi papá y cómo extrañé a mi mamá. Porque el amor me dio tan alegría que quise escribir. También porque me sentí tan confundido que necesité escribir para aclararme un poco. Porque siento que puedo ayudar, y porque me da mucho placer cuando se produce silencio ante una historia que leo.
También porque me gusta mucho hacer reír. Escribo porque me siento más acompañado o menos triste, más fuerte, más claro, más poderoso.


Puedes encontrar otros libros de Luís María Pescetti en las bibliotecas públicas de BibloRed o del Plan Nacional de Lectura y Bibliotecas.



Caperucita Roja (Según se la contaron a Jorge)
C PESC ( Rotulo Verde - Cuento-)
La tarea según Natasha
323.352 P37T

También puedes visitar el blog de Luís y escuchar sus canciones en mp3 y ver sus videos.

domingo

Natacha y Pati también se cuidan

Por Luis María Pescetti

ilustración de Pablo Fernández
* Porque a veces hace falta cuidarse

* Porque somos amigas

* Para seguir jugando

* Porque las personas no somos invulnerables (que quiere decir que nunca nunca te va a pasar nada como las estatuas pero ellas tampoco porque vienen las bonitas aves y les hacen encima y eso las daña irreparablemente)

* Porque no somos invulnerables, pero tampoco estamos condenados.

* Porque estamos aprendiendo a cuidarnos.

* Porque si vemos a alguien que no se cuida hay que decirle: “Nenito, ¿no ves que hasta las Chicas Perla nos cuidamos?? ¿Tú te crees Súperman o qué?”

* Porque no hay que confundir la prevención con la enfermedad (que quiere decir que si se cerró la escuela, es por un tiempito nomás, y es para cuidarnos, no es porque tooooda la escuela está enferma).

* Porque tampoco hay que andar de chismosos, alarmando y asustando a los demás como unos taraditos, por ejemplo: ¡Ay! ¡Una señora me contó que una amiga le dijo que un tío oyó en el radio que parecía que habían dicho que no hay que acostarse en la misma cama dos veces porque contagia! * Si uno no tiene información re-que-te-re-te-buena y científica: ¡mejor cállate, niño!

* Porque no hay que andar de calamitosos y dramatúrgicos, por ejemplo: “¡Chin, mano! Esto sólo nos pasa a nosotros”. “¡Ya se vio que estamos fregados!”. ¡NO NENITO! Estas cosas pasan, y ya, y no hay que andar señalando con el dedo porque igual y le pican con el ojo a otra persona y la uña es algo bien sucio si no se lavan las manos y le infectan el ojo a uno que ni nada que ver por andar buscando culpables como unos mensos.

* Para seguir siendo solidarios, y no andar de discriminativos. Por ejemplo: “Uy, esa chava viene de un pueblo que comen puerco, mejor no nos hagamos amigas, chicas!” ¡No, no se hace eso!
Así como hay medidas de higiene para las manos y el resto de los cuerpos, también hay que saber ser higiénicos con la mente y los cerebros, por ejemplo:


- No divulgar rumores que provoquen alarma, mejor buscar información correcta, antes.

- No echarse la culpa, ni acusarse.

- No discriminar.

- No hacer escándalo (preguntar bien la información y hacer caso a los cuidados, pero sin escándalo).

- No hacer chistes con que uno se siente un desgraciado por esto o por lo otro. No hay que hacer chistes irónicos si uno está asustado, es mejor decir “Oye, amigo, me da miedo… tal cosa” Eso es mejor que andar de chistosito.

Esto no quiere decir que los chistes son malos, o que es malo hacerlos: ¡los chistes son bien padres! Sólo que una cosa es hacer chistes, y disfrutar del humor; y otra diferente es andar de cínico o nerviosito haciéndose el irónico con la humanidad.

Uno puede expresar la tristeza o la preocupación, eso sí es sano, pero no con ironías, ni haciéndose el cínico, que es como-que-sí-como-que-no.
¡Amigos! A nosotras se nos ocurrieron estas; pero igual y ustedes inventan otras también.¡Compártanlas!¡NO SEAN MALA ONDA!

-¿Cómo se las arreglan estos dias que no pueden ir a la escuela?

- ¿Siguen practicando en casa?

- ¿Siguen jugando con algún amigo o amiga?

- ¿Pueden llamar por teléfono los maestros?

- ¿Pueden jugar a hacer un programa de radio?

Chavos, ustedes ¿nos ayudan con más ideas?
¡Gracias!

Firman: Natacha y Pati las genias de las Chicas Perla (únicas y adoradas)
Para leer otros textos de Luís María Pescetti pueden visitar las salas infantiles de las bibliotecas de BibloRed y buscar por la clave de autor:
C PES (Rotulo Verde - Cuento-)
En la página oficial de Luís María Pescetti www.luispescetti.com pueden encontrar muchos videos, canciones, juegos y textos.