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martes

Una casa llena de libros y recuerdos

La nostalgia se lleno en mi interior al pasar una mañana en la Casa Barrientos de la lectura infantil en Medellín, Colombia.Varios recuerdos se cruzaron por mi alma: las tardes en las bibliotecas Piloto, Comfama o Comfenalco en Medellín, o los días enteros en las bibliotecas de Colsubsidio o la Luis Ángel Arango en Bogotá.

Pero no hay duda que el recuerdo más ambigüo fue el que se despertó al recrear las jornadas en la Biblioteca El Paque, uno de los proyectos más importantes para promover la lectura en familia, y en la que puedo decir que fui uno de los mayores colaboradores al lado de grandes amigos y compañeros de trabajo como Ignacio, Graciela, Patricia, Paola, Sergio y Ana María.

Es por esto que ser testigo de una nueva apuesta de lectura para los niños en pleno centro de Medellín me hace muy feliz, porque demuestra que en este país hay alcaldes como Sergio Fajardo y administraciones públicas que ven en estos centros culturales el semillero de la vida de una ciudad.

Muchas gracias Medellín por este mágico regalo.

Pueden conocer más de la Casa Barrientos de la lectura infantil en el enlace:
http://www.reddebibliotecas.org.co/News/Paginas/Unacasamuyespecial.aspx







lunes

Esos maravillosos regalos de los hombres y mujeres del pasado

“La tecnología es todo aquello que fue inventado después de que tú nacieras”.
 La cita es del ingeniero informático Alan Kay y hace referencia a esa idea generalizada de que tecnología es sinónimo de nuevo. Los ordenadores, los móviles, los GPS son tecnología. ¿Los libros? También, insiste Joaquín Rodríguez, editor, autor y responsable del blog Los futuros del libro. “Aunque nos preceda nueve siglos y sea algo natural en nuestras vidas”. El libro es una tecnología para muchos inmejorable: compacta, portátil, fácil de usar, barata, autónoma. Por eso precisamente ha tardado tanto en iniciar su tránsito hacia lo digital.
 El futuro de la lectura. Virginia Collera. Artículo publicado enEl país


En estos días preparando una actividad para el club de lectores, pensaba en esos maravillosos desarrollos tecnológicos que cambiaron mi vida y la de muchas personas en la historia de la humanidad. Un ejemplo de ésto son los caminos en el imperio romano o los primeros ejercicios de impresión en serie que acercaron a las personas y a sus pensamientos de una forma que todavía siguen teniendo un gran impacto.
El siguiente es un fragmento de Julio Cesar Londoño publicado en El Espectador:

"En cuanto a arneses, horcates, colleras, herraduras y guarniciones racionales, las mejores fueron las de otros bárbaros nómadas, los mongoles, hecho que les permitió dominar Asia y parte de Europa y jugar un papel inesperado en la invención de la imprenta. La cosa fue así: en el siglo I los chinos inventan el grabado sobre madera. Cuando los mongoles invaden China, conocen el juego de cartas, se aficionan, aprenden la técnica del grabado para renovar sus barajas y le enseñan este arte a Europa. Los monjes occidentales deciden grabar estampas piadosas en lugar de barajas, y los holandeses dan un paso clave: en lugar de seguir utilizando grabados con imagen y leyenda, tallan sellos de imágenes y sellos de leyendas para combinarlos y multiplicar el surtido. Luego los impresores holandeses y alemanes separan las letras unas de otras, y por último Gutenberg introduce el plomo y lo suma todo: la prensa, la tinta de negro animal y la aleación metálica de los caracteres (caracteres metálicos y móviles, claro).

Para Louis Powels y Jaques Bergier, los mongoles son un pueblo clave en la historia. “Si recordamos que el caballo fue desde el principio hasta la invención del tren el medio de transporte terrestre más rápido, y que la imprenta es uno de los inventos centrales de la especie, hay que reconocer que los mongoles aceleraron la velocidad del hombre y la difusión de su pensamiento. Su aporte contribuyó más a la transformación de Occidente que toda la admirable ciencia griega. Al menos hasta el Renacimiento”.

sábado

Biblioteca al lado del mar

Viajar o leer te permite no solo tomar distancia de la cotidianidad, también te ayuda a confirmar lo que tanto disfrutas en lugares en los que jamas pensarias que pudieran existir.

Este es el caso de la Biblioteca del Plan Nacional de Lectura en la isla de San Andrés dirigida por el bibliotecario Bienvenido Caicedo, en la que pude experimentar por primera vez en mi vida la experiencia de poder tomar un libro (en esta ocasión fue una biografía de Picasso), y con el permiso de don Bienvenido, tomar asiento al lado del mar caribe y disfrutar de un viaje de colores.

Las mejores vacaciones son en las que puedes viajar a nuevos lugares por avión, bus, lancha o... por las páginas de un libro.









viernes

Sonrisas y poesías en el hospital

"Acabo de decir que la exploración lunar es una rutina carente de emoción, y no es cierto. Uno nunca se cansa de contemplar aquellas increíbles montañas, tan distintas a las suaves colinas de la Tierra"
 Arthur C. Clarke
Tomado del cuento de Ciencia ficción "El centinela"


"Se puede hablar de lectura antes de la escritura porque en su capacidad de leer la voz y el rostro el bebé pone en movimiento una actividad interpretativa que permanecerá como centro de la creación del sentido para la psiquis humana. Esto permite decir que de cierta manera el acto de la lectura está en el origen de la actividad del pensamiento".
Evelio Cabrejo Parra
Portada del libro Nicolás Guillén ilustrado por Juan Ramón Sierra

El programa de madre canguro es uno de los espacios que visitamos en el Hospital Universitario Mayor con Leer para sanar, con el cual buscamos que las visitas de control médico tengan un elemento de exploración enriquecedora para los bebés y sus padres gracias al contacto con diversos materiales de lectura.


Las escenas en el pasillo de espera son muy diversas. Encontramos a tías que leen con sus sobrinos. abuelas que le muestran imágenes a sus nietos y a padres que se divierten con sus pequeños hijos. Este último caso lo observé el jueves cuando los papás de "Paula" (una niña de 11 meses) escogieron el libro de poesía "Por el mar de las Antillas anda un barco de papel" del escritor cubano Nicolás Guillén. La lectura la comenzó el papá de "Paula" y poco a poco se fue involucrando la mamá al ver que la niña escuchaba con atención a su padre. El libro se presta para jugar, cantar e interactuar y eso hizo que la participación entre los padres fuera tan atractiva para "Paula", que seguía las rítmicas palabras que sonorizaban sus papás. 



Cuando terminaron el libro de Guillén, todos los miembros de la familia quedaron antojados de seguir leyendo más poesía, así que les presté el libro "Trabalenguas" de David Chericián, otro escritor cubano. El clima festivo subió en intensidad a medida que cada uno de los padres leía cada trabalenguas, y al equivocarse estallaba en carcajadas, que eran seguidas por las risas de "Paula" que se sumaba a la celebración. Esta actividad era tan emocionante, que otros padres o visitantes del hospital observaban con interés lo que estaba ocurriendo alrededor de "Paula", que era el centro de la lectura de sus padres.

Cuando llamaron a "Paula" al consultorio, la familia se despidió con una sonrisa de  satisfacción en sus rostros, y esta vez fui yo el que les agradeció la oportunidad de ser el observador de la unidad emocional que se genera alrededor del amor y del lenguaje.

 Portada del libro "Trabalenguas" de David Chericián ilustrado por Nancy Granada y Henry González 

martes

Lectura recomendada: "Fahrenheit 451" de Ray Bradbury

"No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, 
más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas 
al cambiarles la manera de pensar" 
Carta del ápostol Pablo a la iglesia de Roma, capítulo 12, verso 2a


El encuentro con un amigo de infancia es algo tan maravilloso y renovador, pues te ayuda a ver tu entorno con mejores elementos y a entender de forma más lucida la vida al salir de la subjetividad en la que nos enfrascamos a diario. Por eso, fue un gusto gigante encontrarme con Ray Bradbury un viejo amigo del siglo XX, que sigue diciendo verdades a los hombres y mujeres del siglo XXI

 
Ilustración de Lou Romano

Y, ¿de qué se trata Fahrenheit 451?


Guy Montang es bombero, sin embargo no apaga incendios: los provoca. En la novela Fahrenheit 451 la sociedad ha cambiado, las casas son impermeabilizadas contra el fuego, las autopistas son tan grandes que no hay limites de velocidad y los valores más importantes son el entretenimiento y el consumo alrededor de los medios de comunicación. En un mundo en el que lo más importante es ser feliz sin pensar en lo que le sucede a mi vecino o al planeta, se decreta que los libros son peligrosos y deben ser quemados para preservar el nuevo orden establecido. El protagonista de esta historia se encontrará ante muchos dilemas al conocer a una joven que le gusta caminar en la noche y con la que habla de diferentes temas. Después de estos encuentros, Guy Montang tomará una serie de decisiones que lo acercaran al mundo de los libros para defenderlos del sistema que los quiere destruir.

¿Quién era Ray Bradbury?

Nació en Waukegan, estado de Illinois, Estados Unidos en 1920 y falleció en la ciudad de Los Ángeles, California en 2012. Escritor autodidacta, que aprendió los secretos de su arte con los grandes maestros que lo esperaron para ser leídos en las bibliotecas públicas. Escritor de cuentos, novelas, ensayos, guiones de cine y teatro de géneros como la fantasía, la ciencia ficción, novela negra y realista. 



Ray nos habla del valor que tienían los libros y la lectura en su vida:

Ray expresó de forma muy delicada cómo se enamoró de los libros:
"El Amor es el centro de tu vida, las cosas que haces deben ser las cosas que amas y las cosas que amas deberían ser las que haces, eso es lo que aprendes de los libros”.

Continúa Bradbury: "Aprendí a leer cuando tenía tres años, amo las tiras cómicas, amo las caricaturas los domingos y tuve un libro de Cuentos de hadas cuando tenía cinco años y me enamoré de la lectura, todas esas maravillosas historias como “La Bella y la bestia”, y “Jack y la habichuela mágica”, así que comencé con la fantasía; para el tiempo que tenía tres años vi mi primera película y me enamoré de las películas que veía como “El jorobado de Notre Dame”, esperaba crecer para ser jorobado. Después, cuando tenía cinco vi “El Fantasma de la ópera” con Lon Chaney, me sentí fascinado por Lon Chaney, y cuando tenía seis años vi una película de dinosaurios y los dinosaurios llenaron mi vida, así que con seis años comencé a leer sobre dinosaurios y afectaron toda mi vida. Cuando tenía treinta y tres años trabajé en “Moby Dick” por que me había enamorado de los dinosaurios cuando tenía seis. Así funcionan las cosas, las cosas que comienzan cuando tienes tres, seis, diez y doce (años) se enciende en tus ficciones en tus treinta, las cosas que haces deben ser las que amas y las cosas que amas deben ser las que haces"


Dos entervistas para conocer mejor a Ray Bradbury en los siguientes blogs de literatura:



También pueden visitar su página oficial en el siguiente enlace:


Lectura recomendada:
Ray Bradbury escribió un cuento títulado "El peatón" el cual fue el relato desencadenante al mundo que recrearía en la novela "Fahrenheit 451". El cuento lo pueden leer a continuación:




Recreaciones de jóvenes a la obra de Bradbury en internet:
Como curiosidad encontré dos videos que representan el cuento "El peatón"

Este cortometraje es una adapatación de Ivan Breyter de Argentina 



 Esta adaptación en fotonovela es dirigida por Brandon Yang
 


 Pueden encontrar y leer "Fahrenheit 451" en Biblored en la sección de Novelas (Rótulo Azul
con la siguiente clave de autor:
A-N BRAF

sábado

La magia de los cuentos de hadas


«Los cuentos nos recuerdan que, 
si usamos nuestro ingenio y coraje,
 podremos salir del bosque encantado»
 María Tatar

Cuando leemos, muchas cosas se desencadenan en nuestro interior, dos de ellas son la memoria y la imaginación. Con ellas podemos hacer uso de muchas experiencias que otros han vivido, ya sea en el mundo real o en la ficción, y así aprendemos cómo asumir las diferentes situaciones que se nos presentan en el día a día. Entre los diferentes géneros textuales con los que nos acercarnos a la lectura en la infancia, es importante destacar el inmenso valor de los cuentos de hadas, de origen popular o de autor, ya que fueron una gran cantidad de veces con las que nos identificamos con los personajes y con las situaciones que se presentaban en sus historias, y con las cuales logramos empoderarnos para resolver los diversos capítulos de nuestras vidas.

Es por esto que es emocionante encontrar a Paola Costigliola y Giorgia Velluso, artístas italianas, que expresan con creatividad el efecto de los cuentos de hadas en los niños y a la final en nosotros los adultos.


viernes

Un ejemplo reconfortante de biblioterapia en un hospital de Brasil


Es muy satisfactorio reconocer en otras personas del mundo la misma vocación y pasión por ayudar a encontrar paz y sosiego a los pacientes y a los acompañantes gracias a los libros. La siguientes ideas y fotografías son de la bibliotecaria Eva María Seitzla, coordinadora de la Sala de Lectura del Hospital Universitario de la Universidad Federal de Santa Catarina (HU/UFSC) en Brasil, una institución pública y totalmente gratuita. El HU/UFSC está dotado de 271 camas y cuenta con aproximadamente 1500 colaboradores, que realizan cada mes cerca de 1500 atenciones ambulatorias, 3000 de emergencia y 990 internamientos.





"Lo mejor de los resultados está en la satisfacción expresa de aquellos que encuentran en los materiales de lectura la distracción y entretenimiento necesarios para soportar las horas y horas de espera para la realización de consultas y pruebas.
Es más, en  los sentimiento de alegría, respeto y valoración de los pacientes internados y acompañantes con la llegada del carrito de transporte de los materiales, cariñosamente llamado "Barney", repleto de libros. La elección de la obra para leer, el intercambio de opiniones sobre autores y títulos, además de cualquier forma de interacción y diversión que ese acto tan simple provoca en las personas internadas representa algo extremadamente gratificante."
 


"Siempre se esperó que el desaliento provocado por la hospitalización no tuviese como remedio tan solo las paredes y los techos blancos, sino también el arte, principalmente expresado por la lectura, que, sumada a la música, el teatro o el baile, puede ser capaz de arrancar sonrisas y alegrías de las caras sumergidas en la incertidumbre y, principalmente, en la tristeza y en la amargura. Se pretendía que la lectura y cualquier forma de arte fuese capaz de arrancar esas sonrisas perdidas en las heladas habitaciones. Se pretendía que el «viaje» a la alegría y a la risa proporcionadas por la lectura pudiesen y puedan continuar siendo aquel remedio cuya dosis disipa el dolor que atormenta y angustia al paciente sumergido en un sufrimiento que parece no tener fin."

Los textos de Eva María Seitzla que acompañan esta entrada son tomados del artículo "Biblioteca Hospitalaria" publicado por el Boletín ANABAD. LXI (2011), NÚM. 3, Julio-Septiembre, en Madrid.

Para más información, pueden visitar:


La “P” de mi parque


 Foto tomada de bogota.gov.co




“Nos encontramos a nosotros mismos únicamente mirando lo que no somos.
No puedes poner los pies en la tierra hasta que no has tocado el cielo”.
El palacio de la luna. Paul Auster

Cuando estudiaba en la Universidad Distrital, pasaba todos los días por el Parque de la Independencia. Unas veces, tomaba un atajo por el Planetario, pero cuando tenía tiempo, me gustaba caminar por un sendero que tenía, a un lado, un espacio muy amplio en el que había un mueble inmenso, de colores amarillo y rojo. La curiosidad me llevó a preguntar qué era ese objeto y así, me enteré que era un Paradero Paralibros Paraparques. Desde ese momento, quise ver cómo funcionaba y cómo podía disfrutar de un libro en el parque. Curiosamente, nunca coincidí con el horario de servicio de la "P" y por lo tanto, no la vi abierta.

Pasaron los años y dos cosas importantes sucedieron en mi vida: conocí el placer de movilizarme en bicicleta por la ciudad y me cambié de vivienda. La bicicleta me transportó por diferentes lugares de Bogotá, los cuales visitaba frecuentemente por el trabajo y por las prácticas pedagógicas de la universidad. En cada recorrido, pude notar que existían muchas "P" en la ciudad y mi ansiedad por disfrutar de este servicio de biblioteca comunitaria fue aumentando.

Un fin de semana, programamos una salida con mis primas a jugar en la arenera del parque de Ciudad Montes y en este parque inmenso, encontré una "P" abierta, como una flor al borde de un bosque. Esa mañana, pasamos un rato de exploración entre cubos de madera de colores, libros de diversos géneros y para todas las edades. Todos tenían las mismas características de las mejores bibliotecas que conocía en Bogotá, como las de Biblored o las de Colsubsidio, lo cual me hizo sentir muy familiarizado con el servicio y con la colección.

Desde ese día feliz, me volví un visitante asiduo de la "P", ya que me ayudaba a ahorrar tiempo y dinero, porque cada visita personal o con mis primas a la biblioteca de El Tunal o a la Virgilio Barco eran muy costosas por la distancia. En la “P”, no solo encontré diversidad de libros, sino que también pude conocer personas con las que compartíamos los mismos intereses lectores y gracias al diálogo, pude ampliar mis referentes y percepciones. Entre estas personas, es importante destacar el papel del promotor de lectura, quien fue un puente para explorar novedades, curiosidades y libros altamente recomendados de la colección.

Empecé este relato de vida con una cita del escritor norteamericano Paul Auster. De todos los libros de la “P” que pasaron por mis manos, El palacio de la luna fue el que se fijó de forma más intensa en mi memoria. Perdura su recuerdo, porque me ayudó a ser consciente de uno de los papeles que ha tenido la literatura en mi vida: ha sido un punto de referencia que me ayuda a entender objetivamente lo que no soy, pero que con el tiempo llegaré a ser.

Gracias a un libro y a un espacio como la “P”, puedo seguir escribiendo la bitácora de mi identidad.



AUSTER, Paul. El palacio de la luna. Anagrama: Barcelona, 1996.

miércoles

Tus manos son para proteger

Ilustración de Carolina Melis


En el programa de Leer para sanar he tenido la oportunidad de disfrutar de la lectura de la Biblia,  uno de los libros que más piden los pacientes del hospital o sus acompañantes a la hora de leer en voz alta.
Entre la variedad de libros que contiene la Biblia el más solicitado es el de Salmos. En una de las jornadas, en la que estaba leyendo en una habitación compartida por dos pacientes y sus familiares, una señora me pidió el favor de leerles el Salmo 37. De este salmo comparto dos versos que me gustaron mucho y que relaciono con un vídeo animado que realizó la diseñadora Carolina Melis para una campaña publicitaria en Europa contra el maltrato infantil, conocida en España con el título "Tus manos son para proteger".


                  Salmo 37: 23 y 24

El Señor dirige los pasos de los justos;

se deleita en cada detalle de su vida.

Aunque tropiecen, nunca caerán,

porque el Señor los sostiene de la mano.



Hands | NSPCC | Saatchi&Saatchi | Nexus Productions from Carolina Melis on Vimeo.


domingo

Fútbol y literatura



"El fútbol es una metáfora de la vida. Tiene poesía y la prosa. El género lírico, el épico, el dramático. La presencia del genio, la del talento, la del destino, la del azar. Es también un lenguaje literario: un conjunto de narraciones y de figuras que se van desplegando en la cancha, ese texto"
Juan Esteban Constain (Escritor colombiano)
 


Fotos de Andrés Monroy
Hace unas semanas casi exploto de la alegría al leer un cuento de Roberto Fontanarrosa, ya que me recordó tres momentos de mi vida. El primero, fue en mi infancia cuando no teníamos videojuegos, y realizábamos torneos de futbolín con mis primos. Eran pequeñas batallas en las que las destrezas motrices y la pasión por el gol, nos reunían en la sala de la casa de la bisabuela Anita. Años más tarde el amor por el gol me llevó al Campín, algunas veces con mis primos y otras con uno de mis mejores amigos del colegio. La última experiencia que se rememoró en mi conciencia, fue cuando estuve en la ciudad de Córdoba, Argentina y me encontré a unos chicos que jugaban a la salida del colegio al Metegol, que es como llaman en este país al Futbolín. Así que cuando leí el cuento de Fontanarrosa, me permitió hacer un repaso de mi propia vida, y de los momentos significativos que se han tejido alrededor del gol. El más reciente, fue ver la Eurocopa con mi Mamá y disfrutar de la emoción del deporte en familia, tal como al final lo hicieron los jugadores de España cuando fueron a saludar a sus esposas y llevar a sus hijos y celebrar con ellos en la cancha.
Comparto unas fotos de los chicos jugando al Metegol, que tomé en el 2006 con una camarita automática de 35 mm que me prestó mi amiga Pilar en Argentina.
También dejo el cuento de Fontanarrosa publicado en la campaña de fomento a la lectura de la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá de "Libro al viento", para los que les gusta la literatura y el fútbol.
Por Roberto Fontanarrosa

Y aquí estoy. Como siempre. Bien tirado contra la raya. Abriendo la cancha. Y eso no me enseño nadie. Son cosas que uno ya sabe solo. Y meter centros o ponerle al arco como venga. Para eso son wines. No me vengan con eso de wing “ventilador” o wing “mentiroso” o las pelotas. Arriba y contra la raya.
Abriendo la cancha para que no se amontonen los forwards en el medio. Nada de andar bajando a ayudar al marcador de punta ni nada de eso. Si el marcador de punta no puede con el wing de él... ¿para qué m... juega de marcador de punta? Lo que pasa es que ahora cualquier mocoso le sale con esas teorías nuevas y nuevas formas de juego o te viene con la “holandesa” o la brasileña y otras estupideces.
¡Por favor! El fútbol es uno solo y a mí no me saca de la formación clásica: el arquero bien parado en la raya y atento. Por ahí escucho decir que Gatti juega por toda el área o sale hasta el medio de la cancha... Y bueno, así le va. Yo al arquero lo quiero paradito en su arco y nada más. Para eso es arquero. Después una línea de tres. Después otra de cinco. Y arriba que nos dejen a nosotros tres. Más de veinte años hace que jugamos así y nos hemos podrido de hacer goles. De a siete hacemos. Yo ya debo llevar como 6.800. Yo solo... ¡Después me dicen de Pelé! O arman tanto despelote porque Maradona hizo cien. Cien yo hago en una temporada. Y en verano, cuando los pibes se quedan en el club como hasta las dos de la matina, me atrevo a hacer cuarenta, cincuenta goles por semana. Cuarenta, cincuenta. Yo solo... Maradona... ¡Por favor! Y eso para no hablar del centrofoward nuestro. Debe llevar más de 12.000 goles. por debajo de las patas... Y...¡el tipo está ahí!
donde deben estar los centrofoward. En la boca del arco. En el área chica. Pelota que recibe, ¡Pum! adentro. A cobrar. Y ojo, que el nueve de los de Boca no es maño tampoco. Es el mismo estilo que el nuestro. Siempre ahí: en la troya. Adonde están los japoneses. ¡Nos ha amargado más de un partido, eh! Yo no he visto los goles que nos ha hecho pero escucho los gritos y el ruido de la pelota adentro del arco.
Le da con un fierro el guacho. Pero, claro, tiene dos wines que son dos salames. Por ahí si jugara al lado mío él también habría hecho como 12.000 goles. ¡Si le habré servido goles al nueve! ¡Si le habré servido goles! Me acuerdo el día del debut. Le estoy hablando de hace 25 años, 25 años, un cuarto de siglo. Sacaron la lona que cubría la cancha y le juro que nos escegueció la luz. Un solazo bárbaro. Yo casi no podía ver por el resplandor en las camisetas, especialmente en las nuestras. Claro, por el blanco. Las bandas rojas parecían fuego. No como ahora, que está saltando todo el esmalte y se ve el plomo. O el piso, del verde ya no queda casi nada. ¡Cómo está ésta cancha! ¡Qué lástima! Qué poco cuidada está. Pero bueno, ese día fue algo inolvidable. Era domingo al mediodía y se ve que los muchachos estaban alborotados porque esa tarde jugaban River y Boca en el Monumental y ellos se habían reunido en el club para irse todos juntos en el camión para el partido. ¡Huy, lo que era ese día! Y claro, llegaron ahí y se encontraron con que la Comisión Directiva había comprado el metegol.
Yo había escuchado desde abajo de la lona que pensaban inaugurarlo esa noche cuando los socios se juntaban en la sede social a comentar los partidos o tomarse un fernet antes de cenar. Pero... ¡qué!... apenas los muchachos vieron el metegol al lado de la cancha de básquet ni siquiera se molestaron en meterlo adentro.
¡Además, esto es pesado, eh! No sé cuántos kilos debe pesar esto, pero es pesado. Puro fierro, de las cosas que se hacían antes. Bueno, ahí nomás lo destaparon y se armó el partido. Yo calculo, calculo, que había de haber entre 20 y 25 años personal viendo el partido. ¡No menos, eh! No menos. Una multitud. Y había apuestas y todo. Le digo que calculo que había esa gente porque yo ni miré para arriba, le juro, no me atrevía a levantar la vista del cagazo que tenía. Le juro. Uno escuchaba bramar esa tribuna y temblaba.
¡Qué cosa inolvidable! Nosotros, los tres de adelante, tuvimos suerte porque el tipo que nos manejaba se ve que sabía. Yo apenas sentí que se movía, dije: “Hoy vamos a andar bien”. porque también es importante el tipo que a uno le toque para manejarlo. Usted podrá tener condiciones, es más, podrá ser un fenómeno, pero si el que está afuera es un queso, va muerto. Y yo le digo, ahora, con experiencia, yo apenas noto cómo el tipo me mueve ya me doy cuenta si conoce o no. Es una cuestión de experiencia, nada más. No es que uno sea sabio. Escúcheme, usted ve un tipo cómo se para en la cancha y ya sabe cómo juega al fútbol. No tiene necesidad ni de verlo correr. ¡Por favor! Pero ese día se ve que el tipo conocía. No era ni improvisado ni uno que agarra la manija porque está aburrido y para matar el tiempo se juega un metegol. De esos que usted trata de ayudarlos, de darles una mano pero al final el que queda como un patadura es usted. Cuando el culpable es el que tiene la manija. Y usted los escucha gritar: “¡Qué tronco es el siete ese! ¡Qué animal el wing!”. Hay que aguantar cada cosa. ¡Por favor! Pero ese día no. Ese día tuve suerte, lo que es importante en un debut. Y más en un River-Boca. Usted sabe bien cómo son estos partidos. Un clásico es un clásico, digan lo que digan ahora yo ya tengo como 30.000 clásicos jugados y así y todo, le digo, todavía cuando escucho el pique de la primera pelota en la mitad de la cancha me pongo nervioso. Parece mentira. Es que son partidos muy parejos. Somos equipos que nos conocemos mucho. Pero aquél día tuvimos suerte, por lo menos los de adelante. De la mitad de la cancha para adelante la rompimos, la hacíamos de trapo. “Tachola”, me acuerdo que se llamaba el que tenía la manija. Me acuerdo porque le gritaban permanentemente y además porque durante cuatro años vuelta a vuelta venía al club y jugaba. ¡Cómo sabía ese tipo! Lo arruinó la bebida. Cuando llegaba en pedo yo me daba cuenta porque nos hacía hacer molinetes y cada cagada que ni le cuento. Un día me hizo hacer un molinete y yo cacé un chute que la pelota saltó del metegol e hizo sonar un vaso. Me quería hacer pagar a mí el desgraciado. Pero cuando estaba sobrio era un león. Y ese día la gasté. En la defensa no andábamos tan bien porque el que manajaba a los tres era un salame. Un paspado. Pero con los de adelante bastaba.
No hay mejor defensa que un buen ataque, mi amigo, eso lo sabe cualquiera. ¡Por favor! Ahora se meten todos abajo. Están locos. tres pepas hice ese día. Y las otras tres se las serví al nueve, al morochón. Y no tenía bigotes. Lo que pasa es que algún mocoso se los pintó con birome para que se pareciera a Luque. Un gol, me acuerdo, un gol, la bola rebotó en el corner y se me vino. Ibamos perdiendo uno a cero, porque ¡ojo! habíamos arrancado perdiendo, y la hinchada bramaba. La puse debajo de la suela y casi la astillo. La empecé a pisar y me la traje despacito para el medio. El nueve se fue para la izquierda y el once también, para abrirme un buco. Yo la masé y un par de veces amagué el puntazo, pero el fullback me tapaba el tiro y no veía ángulo para el taponazo. Le cuento que yo no le hago asco a patear y cuando veo luz le sacudo. A mí no me vengan con boludeces. Pero el rubio que me marcaba me tapaba bien. Entonces yo agarro y la engancho de nuevo para afuera, para mi lado, como para meterle un derechazo cruzado, al segundo palo, a la ratonera. ¡Si habré hecho goles así! Y cuando el rubio me sigue para taparme y el arquero cubre el primer palo, de revés nomás, cortita, la toco para el medio. Y el nueve, sin pararla ché, le puso semejante quema que abolló la chapa del fondo del arco. ¡Qué golazo! ¡Lo que fue eso! Yo lo había escuchado al negro, lo había escuchado. Cuando yo me abrí para la derecha y ví que la defensa se venía conmigo. Y lo escuché al Negro, lo había escuchado. Cuando yo me abrí para la derecha ví que la defensa se venía conmigo. Y lo escuché al Negro que me grita: “¡Ah!”. Y se la toqué. Lo mató al Negro. Lo mató. La hacemos siempre a ésa. Diga que ya nos conocen. ¡Qué partido fue ése! Y para esta noche tenemos uno lindo. Si es que vienen los muchachos. Porque los escuché decir que iban a las maquinitas. Siempre hablan de las maquinitas. Vaya a saber qué es eso. Acá una vez al club trajeron una. Yo siempre escuchaba unos ruidos raros, unas cosas como “pluic” “plinc” , “clun” y unas sacudidas. Unas luces. Pero después no lo sentí más. Dicen que se le jodió algo adentro a la máquina, algún fusible y nunca hay guita para comprarlo. Son máquinas delicadas. De ésas que hacen los yanquis. Por eso los muchachos siempre vuelven. Porque el fútbol es el fútbol. Esa es la única verdad. ¡Qué me vienen con esas cosas! Son modas que se ponen de moda y después pasan. El fútbol es el fútbol, viejo. El fútbol. La única verdad.
¡Por favor!

lunes

La poesía al alcance de los niños

Portada ilustrada por el artista argentino Vicente Rojo.
En estos días está circulando un documental argentino(se puede ver en este enlace), en el que un numeroso grupo de docentes e investigadores comentan lo que ha significado el modelo de educación tradicional que se ha venido presentando en nuestros países.
Creo que esta postura de cuestionar la educación, si bien no es nueva, es muy positiva porque los padres se están haciendo preguntas y están replanteando lo que es importante para la vida de sus hijos.
El viernes leí un texto de Gabriel García Márquez, y quería compartirlo con ustedes, para seguir reuniendo argumentos en este tema tan importante que es la educación del hombre y la mujer.

La poesía al alcance de los niños
Autor: Gabriel García Márquez
Publicado en: El Espectador, Bogotá, el 25 de enero de 1981.


Un maestro de literatura le advirtió el año pasado a la hija menor de un gran amigo mío que su examen final versaría sobre Cien años de soledad. La chica se asustó, con toda la razón, no sólo porque no había leído el libro, sino porque estaba pendiente de otras materias más graves. Por fortuna, su padre tiene una formación literaria muy seria y un instinto poético como pocos, y la sometió a una preparación tan intensa que, sin duda, llegó al examen mejor armada que su maestro. Sin embargo, éste le hizo una pregunta imprevista: ¿qué significa la letra al revés en el título de Cien años de soledad? Se refería a la edición de Buenos Aires, cuya portada fue hecha por el pintor Vicente Rojo con una letra invertida, porque así se lo indicó su absoluta y soberana inspiración. La chica, por supuesto, no supo qué contestar. Vicente Rojo me dijo cuando se lo conté que tampoco él lo hubiera sabido.Ese mismo año, mi hijo Gonzalo tuvo que contestar un cuestionario de literatura elaborado en Londres para un examen de admisión. Una de las preguntas pretendía establecer cuál era el símbolo del gallo en El coronel no tiene quien le escriba. Gonzalo, que conoce muy bien el estilo de su casa, no pudo resistir la tentación de tomarle el pelo a aquel sabio remoto, y contestó: «Es el gallo de los huevos de oro». Más tarde supimos que quien obtuvo la mejor nota fue el alumno que contestó, como se lo había enseñado el maestro, que el gallo del coronel era el símbolo de la fuerza popular reprimida. Cuando lo supe me alegré una vez más de mi buena estrella política, pues el final que yo había pensado para ese libro, y que cambié a última hora, era que el coronel le torciera el pescuezo al gallo e hiciera con él una sopa de protesta.


Desde hace años colecciono estas perlas con que los malos maestros de literatura pervierten a los niños. Conozco uno de muy buena fe para quien la abuela desalmada, gorda y voraz, que explota a la cándida Eréndira para cobrarse una deuda es el símbolo del capitalismo insaciable. Un maestro católico enseñaba que la subida al cielo de Remedios la Bella era una transposición poética de la ascensión en cuerpo y alma de la virgen María. Otro dictó una clase completa sobre Herbert, un personaje de algún cuento mío que le resuelve problemas a todo el mundo y reparte dinero a manos llenas. «Es una hermosa metáfora de Dios», dijo el maestro. Dos críticos de Barcelona me sorprendieron con el descubrimiento de que El otoño del patriarca tenía la misma estructura del tercer concierto de piano de Bela Bartok. Esto me causó una gran alegría por la admiración que le tengo a Bela Bartok, y en especial a ese concierto, pero todavía no he podido entender las analogías de aquellos dos, críticos. Un profesor de literatura de la Escuela de Letras de La Habana destinaba muchas horas al análisis de Cien años de soledad y llegaba a la conclusión -halagadora y deprimente al mismo tiempo- de que no ofrecía ninguna solución. Lo cual terminó de convencerme de que la manía interpretativa termina por ser a la larga una nueva forma de ficción que a veces encalla en el disparate.

Debo ser un lector muy ingenuo, porque nunca he pensado que los novelistas quieran decir más de lo que dicen. Cuando Franz Kafka dice que Gregorio Sarrisa despertó una mañana convertido en un gigantesco insecto, no me parece que eso sea el símbolo de nada, y lo único que me ha intrigado siempre es qué clase de animal pudo haber sido. Creo que hubo en realidad un tiempo en que las alfombras volaban y había genios prisioneros dentro de las botellas. Creo que la burra de Ballam habló -como lo dice la Biblia- y lo único lamentable es que no se hubiera grabado su voz, y creo que Josué derribó las murallas de Jericó con el poder de sus trompetas, y lo único lamentable es que nadie hubiera transcrito su música de demolición. Creo, en fin, que el licenciado Vidriera -de Cervantes- era en realidad de vidrio, como él lo creía en su locura, y creo de veras en la jubilosa verdad de que Gargantúa se orinaba a torrentes sobre las catedrales de París. Más aún: creo que otros prodigios similares siguen ocurriendo, y que si no los vemos es en gran parte porque nos lo impide el racionalismo oscurantista que nos inculcaron los malos profesores de literatura.

Tengo un gran respeto, y sobre todo un gran cariño, por el oficio de maestro, y por eso me duele que ellos también sean víctimas de un sistema de enseñanza que los induce a decir tonterías. Uno de mis seres inolvidables es la maestra que me enseñó a leer a los cinco años. Era una muchacha bella y sabia que no pretendía saber más de lo que podía, y era además tan joven que con el tiempo ha terminado por ser menor que yo. Fue ella quien nos leía en clase los primeros poemas que me pudrieron el seso para siempre. Recuerdo con la misma gratitud al profesor de literatura del bachillerato, un hombre modesto y prudente que nos llevaba por el laberinto de los buenos libros sin interpretaciones rebuscadas. Este método nos permitía a sus alumnos una participación más personal y libre en el prodigio de la poesía. En síntesis, un curso de literatura no debería ser mucho más que una buena guía de lecturas. Cualquier otra pretensión no sirve para nada más que para asustar a los niños. Creo yo, aquí en la trastienda.

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